domingo, 14 de octubre de 2012

3.

El coqueto.

Renato era el típico hombre coqueto.  Formal, fuerte pero no era feo.  Muy caballeroso.  Imponente.  Yo tenía 18 años y el tendría unos 23 o 24 años.  A esa edad, obviamente, uno es completamente vulnerable.  Y yo era muy, ingenua en realidad. 

Renato tenía novia, Karen.  Y ellos siempre se veían muy bien juntos, aunque yo los ví juntos muy pocas veces. 

Renato estudiaba Leyes y eso me parecía fascinante.  Yo apenas estaba decidiendo que hacer con mi vida, y él ya lo sabía.  Era un hombre seguro de sí mismo.  Recuerdo tantas veces sentarnos en el auto y platicar y platicar, cuando lo que habíamos hecho era pasar horas en un Vips platicando.  

Obvio me gustaba.  Me parecía un hombre interesante, maduro, y si, precisamente coqueto.  Me gustaba todo de él.  Me gustaba especialmente su espalda y como se sentía cuando me abrazaba.  Me gustaban sus consejos y cómo veía la vida.  Me parecía un hombre sencillo, simple, sin complicaciones.  Siempre me pareció una persona que tenía una buena influencia en mi vida.  Y por lo que ahora puedo ver en mi vida, siempre alimentó mi autoconfianza.  

Hay dos cosas que recuerdo mucho de él.  

Una es que siempre me dijo lo siguiente: cuando alguien te haga un piropo, y no sabes que decir... con un Gracias es suficiente.

La segunda era que siempre que iba a la tienda o algo, y él se ofrecía a traerme algo, yo me negaba.  En general, pienso que puedo molestar.  Y el me decía: Pídeme algo, aunque sea un chicle, pero de verdad te lo estoy ofreciendo de corazón. 

Él me dejó muchas cosas, me dejó sus abrazos, sus palabras tiernas, sus interminables pláticas... y dos enseñanzas que han marcado mi vida de forma muy especial. 

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